Hoy tiene el día triste. Se nota
en toda la casa.
Cuando era pequeña sabía por
dónde había pasado porque dejaba un rastro intenso de colonia. Olía muy bien y
yo sonreía porque ese aroma me recordaba a él, a su alegría.
Ahora es igual, pero a la
inversa. Porque en vez de sonrisas deja las lágrimas que es incapaz de mostrar.
Sé en qué sitio a estado porque su esencia, esa tristeza, es tan intensa como
cualquiera de sus perfumes.
Hoy he llegado a casa contenta y
al abrir la puerta me ha golpeado. Ahí estaba, por toda la casa, hasta en el
más mínimo rincón, esa puta angustia. E
intentado ignorarla pero él ha llegado un rato más tarde y todo ha crecido. Es
como estar en un laberinto a oscuras. No sabes por dónde ir, no ves nada, sólo
caminas y cuando estás agotada te sientas para recargar pilas.
Hoy le he vuelto a preguntar cómo
estaba, y ha farfullado unas palabras. La tripa… esta semana le duele la tripa,
la anterior era otra cosa. Todo tiene la misma raíz pero sacar esa raíz le da
tanto miedo, que prefiere mirar a otro lado.
Sabe cuál es la solución pero se
la niega. Y mientras él se hunde un poco más, yo intento mantener los pies
sobre esta tierra de nadie. Pero, como su propio nombre indica, no hay nadie,
así que me pierdo un poco más yo también. Por no dejarle solo.
Me arrastraría hasta el infierno.
Aunque él no lo sepa. Como si me despellejan
viva, porque de hecho a veces mirarle a los ojos es como si te arrancasen la
piel a tiras. Duele.
Esta es una de las malas semanas.
Las reconoces enseguida, empiezan el domingo y pueden durar hasta el domingo
siguiente o adherirse al lunes y continuar. Así llevamos ya meses. Cada cual haciéndose el ciego de su propio
juego, evitando mirar las caretas del otro.
Duele, y a veces ese dolor es tan
profundo, tan devastador, que simplemente no puedo.
Siento que flaqueo, que me voy a
perder del todo en mi misma. Y cuando estoy a punto de hacerlo, algo me hace
salir. Aunque aún no se bien el qué.
Quizá el
recuerdo de esa colonia que olía a sonrisas.
Yo le daría mi
vida, aunque a veces, en esta espiral se me va de las manos. Me desvanezco. Pierdo mi esencia, y tardo en
volverla a encontrar.
En realidad hoy
es un mal día, de una mala semana de un mes aún peor. Y podríamos seguir así,
contando incluso minutos y horas, los segundos los dejamos olvidados porque,
total, no marcan ninguna diferencia. O quizá todas. Durante un segundo, sé que
se le cruza una idea por la cabeza. Lo sé porque le conozco, porque he pensado
lo mismo. Pero es solo un instante, tan pequeño, que no le da tiempo a tomar
forma. Y así es mejor.
Creo que hoy,
en tierra de nadie, en estas 12 paredes, un espíritu ronda.
Hoy, en
especial esta noche, nos hemos vestido todos de tristeza.
Hiela.
:::YlosAbraZosEstánVacÍos:::
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