jueves, 15 de noviembre de 2012

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Hoy tiene el día triste. Se nota en toda la casa. 

Cuando era pequeña sabía por dónde había pasado porque dejaba un rastro intenso de colonia. Olía muy bien y yo sonreía porque ese aroma me recordaba a él, a su alegría.  
Ahora es igual, pero a la inversa. Porque en vez de sonrisas deja las lágrimas que es incapaz de mostrar. Sé en qué sitio a estado porque su esencia, esa tristeza, es tan intensa como cualquiera de sus perfumes. 

Hoy he llegado a casa contenta y al abrir la puerta me ha golpeado. Ahí estaba, por toda la casa, hasta en el más mínimo rincón, esa puta angustia.  E intentado ignorarla pero él ha llegado un rato más tarde y todo ha crecido. Es como estar en un laberinto a oscuras. No sabes por dónde ir, no ves nada, sólo caminas y cuando estás agotada te sientas para recargar pilas.

Hoy le he vuelto a preguntar cómo estaba, y ha farfullado unas palabras. La tripa… esta semana le duele la tripa, la anterior era otra cosa. Todo tiene la misma raíz pero sacar esa raíz le da tanto miedo, que prefiere mirar a otro lado. 

Sabe cuál es la solución pero se la niega. Y mientras él se hunde un poco más, yo intento mantener los pies sobre esta tierra de nadie. Pero, como su propio nombre indica, no hay nadie, así que me pierdo un poco más yo también. Por no dejarle solo. 

Me arrastraría hasta el infierno.  Aunque él no lo sepa. Como si me despellejan viva, porque de hecho a veces mirarle a los ojos es como si te arrancasen la piel a tiras. Duele. 

Esta es una de las malas semanas. Las reconoces enseguida, empiezan el domingo y pueden durar hasta el domingo siguiente o adherirse al lunes y continuar. Así llevamos ya meses.  Cada cual haciéndose el ciego de su propio juego, evitando mirar las caretas del otro. 

Duele, y a veces ese dolor es tan profundo, tan devastador, que simplemente no puedo.
Siento que flaqueo, que me voy a perder del todo en mi misma. Y cuando estoy a punto de hacerlo, algo me hace salir. Aunque aún no se bien el qué. 

Quizá el recuerdo de esa colonia que olía a sonrisas.         
                                 
Yo le daría mi vida, aunque a veces, en esta espiral se me va de las manos.  Me desvanezco. Pierdo mi esencia, y tardo en volverla a encontrar.

En realidad hoy es un mal día, de una mala semana de un mes aún peor. Y podríamos seguir así, contando incluso minutos y horas, los segundos los dejamos olvidados porque, total, no marcan ninguna diferencia. O quizá todas. Durante un segundo, sé que se le cruza una idea por la cabeza. Lo sé porque le conozco, porque he pensado lo mismo. Pero es solo un instante, tan pequeño, que no le da tiempo a tomar forma. Y así es mejor. 

Creo que hoy, en tierra de nadie, en estas 12 paredes, un espíritu ronda.  

Hoy, en especial esta noche, nos hemos vestido todos de tristeza. 

Hiela. 

:::YlosAbraZosEstánVacÍos:::

lunes, 5 de noviembre de 2012

Para ti.


Está tumbado en la cama, sin moverse, se le escucha respirar pero tienes que esforzarte porque la respiración es lenta, muy suave, como si no estuviera. Intenta distraerse escuchando música, pero no puede, menos si es en inglés. Así que coge el móvil y me escribe. Noto la desolación a kilómetros de distancia, puedo palpar el dolor, su dolor. No sé cómo decirle que, aunque últimamente solo le pillan tormentas y cada vez le dejan más naufrago, en mitad de todos los rayos, de toda la lluvia, estoy yo.  Su bombilla. Porque es de las pocas personas que ve mi luz. 

Me gusta cuando me llama así, cuando me dice: eres una puta bombilla, brillas. Y me gusta incluso cuando me recuerda que estoy apagada o fundida, porque eso me hace querer resurgir. 

Y hoy quiero que el resurja, de sus cenizas, de lo que queda de sus escombros.
Sé que está hecho trizas, y yo estoy lejos y solo puedo escribir. 

No me puedo imaginar el dolor, sólo sé que es de los que te paralizan, cortan el aire, quieres desaparecer o que el mundo entero estalle.  Y yo haría al mundo estallar solo por verle sonreír, sin caretas, una sonrisa pura, con esencia. 

Le quiero explicar que por muy roto que este siempre se puede salir. Sé que es difícil y que muchas veces yo misma, estando en la misma situación,  tiro la toalla y me esfumo a un sitio donde no pasa nada porque no hay nadie que actúe ni desencadene consecuencias. Pero no quiero ese mundo para él, porque merece algo mejor, aunque a veces no lo sienta así, aunque no lo crea, merece algo mucho mejor.

Y aquí estoy, escribiendo de nuevo, para hacerle llegar lo que siento.  

Sé que ya no le quedan apenas fuerzas, pero le he dicho de verdad que yo le daba las mías. Porque he estado perdida muchas veces y él ha sabido traerme de vuelta, porque es de las pocas personas que conoce mis caretas pero como  él escribió “Al fin y al cabo, ella será muchas cosas pero sus mascaras son sinceras”. 

 Por ese ella será muchas cosas, que leí…hoy le estoy escribiendo, porque sé que aunque tuviera mil cosas malas, es de las pocas personas que seguiría estando a mi lado a pesar de ellas.Y eso , para mí, ya significa mucho. 

Hoy le escribo porque le gustan mis puñales y me incita a usarlos aún cuando son contra él. Porque me hace pensar incluso cuando no quiero. Porque siempre me hace dar con las respuestas que necesito, aunque no sean las que me gustan. 
Le escribo porque siempre tiene una palabra buena para mi, porque siempre intenta que yo esté bien.

Hoy te escribo para que sepas que no estás solo porque yo estoy contigo.
 
No todo el mundo tiene una bombilla, ni conoce a una, así que mientras aún me queda color, y no solo azul, síguela. 

Vamos a hacer que sonrías, por muy puta que sea la vida. Y ese va a ser mi próposito, pero no de año nuevo, que esos no duran.

Porque si hay alguien que hoy merezca eso, eres tú. 

Por todo. 

Y por último decirte : Gracias por creer siempre en mi. 

Ahora me toca a mí ayudarte. ¡Vamos a sonreír!
Es una orden. 

:::ReCuerDaLoQUeESeLcAoS:::

martes, 30 de octubre de 2012

Frío




Dice que tiene los pies fríos y no hay forma de que entren en calor. Se mete en la cama y se tapa hasta el cuello. Parece un gusano de seda, sin moverse, arropada completamente.  Poco a poco va entrando en calor, pero los pies siguen helados. Es ese tipo de frío implacable, entra por la nariz y va bajando hasta helarte entera. Pero a ella le ha ido descendiendo y se ha quedado en sus pies. Parece que el frío ha decidido invernar así, en ella, y no tiene pensado irse. 

No recuerda en qué momento empezó a sentirlo, ni si estaba en la calle o ya en casa. Llegó sin previo aviso, como llegan las cosas importantes en la vida, sin que te des cuenta. Pero el frío la está molestando, ya apenas siente los pies. .. Podrían cortárselos y daría igual. 

Sigue arropada en la cama, pensando en todo y en nada, como de costumbre. Y pestañea de vez en cuando. Es incapaz de cerrar los ojos,  pues sabe que si lo hace todo se ampliará por mil, dejará de sentir calor y ya no podrá controlar nada. 


En eso consiste el juego, en controlar, tener bien atado todo y que no se te escape. Saber que máscaras usar en cada momento y con quién ponerse las transparentes o las opacas.  Es consciente de que hay gente que sabe leer entre líneas pero le da igual, precisamente quizá sea eso lo que quiere o lo que necesita, que alguien, entre todas las palabras entienda la verdad, la esencia. Pero que no se lo diga, ni le pregunte, sólo comprenda, en silencio…como esos recuerdos que ya se fueron y quedan así, apagados, en silencio, pero siendo igual de bonitos.

Ya entiende de donde viene el frío. Ha entrado por la ventana, con sigilo, como un ninja y ha aprovechado que ella estaba desprevenida cantando. Y mientras ella jugaba a ser feliz, porque es un juego, él se ha metido directamente por su boca, ha ido a la velocidad de la luz y se ha asentado en sus pies. Le sirve de recordatorio, es una forma de decirle: ríe, canta, juega, pero sabes que estoy aquí, que esa parte de ti sigue aquí, no se ha ido. 

Pero ahora que ella sabe por qué él está ahí para mantenerla despierta y tirando de orgullo puede ignorarle. Ese es otro juego, ignorar. Así la gente es más feliz, aunque solo es una campana de humo.

Bueno frío, aunque estés aquí, quiero que sepas que la cabeza la tengo caliente. 
Y al corazón aún no le puedes tocar. 

-Dime caos ¿qué quieres?
-Un poco de orden

:::SiEnte:::

domingo, 12 de agosto de 2012

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Se levanta de la cama. No mira la hora, ni le importa y el tiempo ya no tiene sentido. ¿Qué más da tarde que noche? el cielo siempre esta apagado en ese rincón de su cabeza, y los amaneceres desaparecieron en el momento de pisar tierra.
Se sienta en el sofá. Un perro callejero que pulula por la casa la observa. Ella le devuelve la mirada y él mueve el rabo contento. 
 -No te pienso sacar a la calle- le dice. 
 Pero el perro la mira con ojos de cordero. Ella bufa y refunfuña pero finalmente levanta el culo de su sitio y se pone en movimiento. Un pie, y después el otro, poco a poco. Aunque pesa, el cuerpo, antes liviano, se ha convertido en una roca inmensa, cada paso es un esfuerzo sobrehumano. Pereza. O más bien apatía, pero lucha un poco contra ella.
 Le pone la correa al chucho y baja con él a la calle. Maldita calle, maldito calor y maldita gente que va por ella. Sonriendo, como si hubiera motivos. En el fondo ella sabe que los hay pero no los siente, ahora no. Es como si su cabeza le estuviera diciendo un montón de cosas al azar, como por sorteo, mientras su corazón intenta atraparlas al vuelo. Pero se le escapan. Y así acaba, el corazón por un lado jugando al pilla pilla con unas ideas que en verdad están jugando al escondite. Y ahí esta, en mitad de la calle, dejándose arrastrar por el pequeño animal que tira de ella.
Quizá es justo lo que necesita, en medio de ese tornado, algo o alguien que tiren de ella, que la lleven a un punto justo donde el aire no te sube a las nubes ni tampoco te hace besar el suelo. Necesitamos tierra, pisar un poco, pero con la cabeza en su sitio, no entre los tejados. Y mientras sigue su paseo piensa en cómo llorar.
Hace una lista mental : 
Escuchar canciones depresivas. 
Momentos de introspección totales, a solas con el silencio. 
Decirse en voz alta mil veces que debe llorar. 
Pero nada de esa lista funciona. Porque la cuestión no es llorar, la cuestión es asumir. Pero hacerlo de verdad.
Asumir que amar duele, más si es en la distancia. Entender que cuando dos almas se encuentran, aunque choquen locas de atar y sean una, a veces, se tienen que separar para volver a ser un yo individual. Pero a su vez debería comprender que aquello que una vez fue uno, siempre lo será. Esto es la vida, puta, egoísta e injusta. Y eso es el amor, desesperación, descontrol, y por supuesto vida. Con todas las de la letra V I D A.

Y cuando te separan de eso, todo se hace cuesta arriba. Sigue andando pero el perro ya no quiere pasear más. Así que le sube de nuevo a casa. Se vuelve a sentar en el sofá y mira a la nada. Le llueven los recuerdos, escucha las palabras, dibuja en su mente cada frase, cada paisaje, cada suspiro compartido. Y no llora. No lo consigue. Pero esto funciona así, uno no se puede forzar a nada, ni a querer, ni a no querer ni a llorar...todo llega, en el momento más inoportuno. Y eso, ha quedado demostrado. 

Se levanta del sofá y va al baño. Otra vez. Y así, pasan los días, jugando al querer y no poder, al ser y a la vez no ser. Al sentir, sin sentir. 
Pero un día, en mitad de ese círculo, decide decir las palabras adecuadas en voz alta. Las dice, bien claras, para escucharlas. Y le asusta tanto lo que oye que, mientras el perro menea el rabo feliz, ella comienza a llorar. 
Y así, es como empiezan a sanar las heridas.
Otros se quedan en el camino, y lloran por dentro. 
Pero ella no. Porque es distinta al resto.

 :::Nakupenda Sana:::

jueves, 5 de julio de 2012

Así

¿Dónde están aquellos que dijeron que nunca se irían? ¿Dónde se quedaron sus ganas de ayudar? ¿Dónde fueron las palabras de los que juraban y prometían que te querrían siempre? ¿Dónde quedo todo? ¿Dónde fue a parar? Dicen que la vida es un camino sin sentido, lleno de obstáculos, baches, sin minutos de tranquilidad, pero que merece la pena estar aquí por compartirlo todo con las personas que vas conociendo. Así es, pero la gente se enrolla a hablar de la amistad, el amor, de cómo hacer que todo sea mejor, y todo parece sencillo, e incluso bonito. Pero ¿y la Soledad? Nadie te habla a las claras de la Soledad. Nadie te explica que puedes vivir solo siempre y cuando lleves así toda tu vida, pero se les olvida la parte en la que se hace cuesta arriba, insoportable, el vivir solo cuando te has acostumbrado a la compañía. Nadie te dice lo jodido que es vivir entre susurros, ni lo triste que es mantener conversaciones solo con uno mismo porque, cuando más lo necesitas, no hay ni una puta persona que te pueda escuchar. Nadie te dice lo que duele, y si lo hacen es de pasada, entre dientes, porque no quieren admitir que lo han sentido. Como si fuera signo de debilidad o algo parecido.
A mí me da igual admitirlo, esto es así: duele. A veces solo necesitas un silencio y otras necesitas rodearte de palabras, o de hechos, hechos como abrazos. Pero no los tienes, recibes nada, un abismo, y ¿lo peor? Crees que es justo lo que te mereces. Hoy no tengo a nadie con quien hablar, solo las paredes o la almohada y están cansados de escucharme. Esta noche, en la que cada pensamiento se cruza por la cabeza para dar hachazos al corazón, ni un solo ser aparece. Y es así, de esta manera, como las personas como yo nos cerramos un poquito más al mundo. Es así, y no de otra forma, como levantamos muros aún más altos y más difíciles de traspasar. Así, y solo así, nos matamos un poquito más cada día, o cada vez que esto pasa. Así y solo así, deja de existir lo que somos y pasamos a ser lo que no entendemos. En noches como esta… tu mundo se cae, y no hay nadie para recoger los pedazos.

miércoles, 27 de junio de 2012

Miraba la vida a través de las cortinas, las tenía bajadas casi por completo, pero se abrían pequeños agujeros de luz que le dejaban mirar, contemplar todo con la mayor claridad posible. Veía retazos del mundo, pequeñas piezas, como si fuera un puzle gigante, y ella solo pudiera llegar a él mirando agujero por agujero. Nunca tenía la imagen completa, siempre tenía que ver las piezas por separado y una vez hecho esto, las intentaba unir mentalmente. Era como verlo todo desde distintas perspectivas, pero sin tener nunca una visión global. Pero no le importaba, para ella eso era el mundo, bosquejos, pedazos de realidad. Le encantaba coger esos trozos y jugar con ellos, hacer malabares, recortar atardeceres. Porque así podía formar su propio puzle, aunque no encajarán del todo los colores, aunque hubiese huecos, vacíos. Para ella, el mundo visto así, era como tenía sentido.
Aunque doliera, aunque no entendiese la mayoría de las cosas, la belleza que irradiaban los agujeros de luz, era única. Y eso es lo que más amaba, lo único, lo especial, lo diferente.

jueves, 10 de mayo de 2012

iDeA

Después de que el olvido fuera nuestra idea prematura, después de tanto sonreír entre los traspiés... A veces me pregunto si debí coserte los labios o si, simplemente, debí sacarme los ojos, dejarlos en un plato, (como leí una vez en una poesía) y dejarte ahí, sellando palabras en tu nada, frases que nadie escucharía jamás...y no tendría importancia porque, en realidad, nunca tuviste nada que decir. Y, para ser sinceros, yo nunca tuve nada que ver. Porque no era una cuestión de ver, sino de mirar...y me cegué antes de tiempo, antes incluso de conocer a cualquiera. Antes, también, de conocerme a mí.

miércoles, 9 de mayo de 2012

ProBLe[MaS]

El problema somos nosotros. Son las promesas rotas, las palabras no dichas, los hechos que caen en el olvido y las frases pensadas y repensadas dichas solo para impresionar. El problema es caminar sin mirar, ver y no escuchar, o escuchar y no decir nada. El problema es creer que todo gira alrededor de nuestro ombligo y que más allá de nosotros solo hay un abismo. Como si no existiera nada más, como si el ego ,el super ego , y la estupidez , fuera lo único palpable. El problema es culpar a todos de nuestros males, quejarnos porque los demás no nos hacen caso, cuando en realidad ni hemos tenido valor para levantar la voz. Y ese es otro problema, la cobardía, el quedarnos en un rincón luchando contra un imposible, el escondernos hasta de nosotros mismos. El problema es creernos dioses, siendo solo marionetas, o incluso menos que eso. El problema es cansarse, estar hasta las narices de la gente, de la naturaleza humana. El problema, el mayor problema de todos es tener una relación amor-odio con el mundo y
con la esencia de éste. Porque esas relaciones son las peores, las que más te destruyen, te queman y te dejan sin aliento. El problema es tanta gilipollez ególatra, tanta superficialidad, tanto pedir sin dar nada a cambio, tanto exigir, tanto juzgar, tanto mentir y tanto decir la verdad. El problema, el jodido problema es tener que repetir siempre las mismas cosas, sin causar efecto alguno. EL PROBLEMA es no valorar ABSOLUTAMENTE NADA, hasta que ya, es demasiado tarde. Pero como vamos de un palo que no somos... Un gran EN FIN. Y mil puntos suspensivos.