Dice que tiene los pies fríos y
no hay forma de que entren en calor. Se mete en la cama y se tapa hasta el
cuello. Parece un gusano de seda, sin moverse, arropada completamente. Poco a poco va entrando en calor, pero los
pies siguen helados. Es ese tipo de frío implacable, entra por la nariz y va
bajando hasta helarte entera. Pero a ella le ha ido descendiendo y se ha quedado
en sus pies. Parece que el frío ha decidido invernar así, en ella, y no tiene
pensado irse.
No recuerda en qué momento empezó
a sentirlo, ni si estaba en la calle o ya en casa. Llegó sin previo aviso, como
llegan las cosas importantes en la vida, sin que te des cuenta. Pero el frío la
está molestando, ya apenas siente los pies. .. Podrían cortárselos y daría
igual.
Sigue arropada en la cama,
pensando en todo y en nada, como de costumbre. Y pestañea de vez en cuando. Es
incapaz de cerrar los ojos, pues sabe
que si lo hace todo se ampliará por mil, dejará de sentir calor y ya no podrá
controlar nada.
En eso consiste el juego, en
controlar, tener bien atado todo y que no se te escape. Saber que máscaras usar
en cada momento y con quién ponerse las transparentes o las opacas. Es consciente de que hay gente que sabe leer
entre líneas pero le da igual, precisamente quizá sea eso lo que quiere o lo
que necesita, que alguien, entre todas las palabras entienda la verdad, la
esencia. Pero que no se lo diga, ni le pregunte, sólo comprenda, en silencio…como
esos recuerdos que ya se fueron y quedan así, apagados, en silencio, pero
siendo igual de bonitos.
Ya entiende de donde viene el
frío. Ha entrado por la ventana, con sigilo, como un ninja y ha aprovechado que
ella estaba desprevenida cantando. Y mientras ella jugaba a ser feliz, porque
es un juego, él se ha metido directamente por su boca, ha ido a la velocidad de
la luz y se ha asentado en sus pies. Le sirve de recordatorio, es una forma de decirle:
ríe, canta, juega, pero sabes que estoy aquí, que esa parte de ti sigue aquí,
no se ha ido.
Pero ahora que ella sabe por qué
él está ahí para mantenerla despierta y tirando de orgullo puede ignorarle. Ese es otro juego,
ignorar. Así la gente es más feliz, aunque solo es una campana de humo.
Bueno frío, aunque estés aquí,
quiero que sepas que la cabeza la tengo caliente.
Y al corazón aún no le puedes tocar.
-Dime caos ¿qué quieres?
-Un poco de orden
:::SiEnte:::
