Hoy
vengo a darte lecciones de dolor, porque me siento sin sentirme.
Vengo
a contarte lo que pasa cuando alguien se queda con tus caretas, se las apropia
y luego, desaparece. ¿Sabes qué pasa cuándo te hacen eso?
Te
dejan desprotegida. Te haces más transparente, aunque, inconscientemente
proyectes una imagen de ti que no siempre es real. Y sin caretas, cuando has
vivido toda la vida con ellas, no te queda más remedio que coger cemento y
ladrillos para crear muros.
Inmensos,
altos…imposibles de traspasar. Porque es lo único que se te ocurre para evitar
lo que hay al otro lado. Si no ves, si no te ven, no te alcanzan, no te pueden
tocar, no pueden hacerte daño. Y es eso, básicamente, por lo que construyo mis
muros.
Pero
un día, se crea una grieta, una fisura mínima…y partiendo de ahí, date por
perdida. Porque sin caretas y con heridas abiertas, ya no hay nada que hacer.
Empieza la presión en el pecho. Es como si , las 24 horas del día, tuvieras a
alguien sentado encima de ti , aplastándote, y cada vez que respiras te duele.
Eso
es dolor.
Y
cuando sientes que el corazón se te va a salir del pecho, cuando notas como
vibra, como araña…y piensas ojalá venga alguien y me lo arranque… eso también
es dolor.
Ahora
imagina esa sensación durante días. El corazón latiendo a destiempo, pero
golpeándote con fuerza. El alma en forma de garras rasgándolo, tocándolo como
si fuera una guitarra…y tú mientras con los ojos como platos tratando de
descubrir el por qué. Intentado acallarlo. Pero esta vez, no te deja, no lo
puedes callar más.
Eso
es dolor.
Dolor
porque es la primera vez, en años, que no sólo sabes lo rota que estás… sino que,
encima, lo sientes.
Y
sentirlo, eso… ¿adivinas?
Si,
es dolor , mi dolor y es una puta pesadilla también.
Matizo porque dolor sentimos todos, pero cada uno de una manera distinta.
No lo olvides.