miércoles, 27 de junio de 2012
Miraba la vida a través de las cortinas, las tenía bajadas casi por completo, pero se abrían pequeños agujeros de luz que le dejaban mirar, contemplar todo con la mayor claridad posible. Veía retazos del mundo, pequeñas piezas, como si fuera un puzle gigante, y ella solo pudiera llegar a él mirando agujero por agujero. Nunca tenía la imagen completa, siempre tenía que ver las piezas por separado y una vez hecho esto, las intentaba unir mentalmente.
Era como verlo todo desde distintas perspectivas, pero sin tener nunca una visión global. Pero no le importaba, para ella eso era el mundo, bosquejos, pedazos de realidad. Le encantaba coger esos trozos y jugar con ellos, hacer malabares, recortar atardeceres. Porque así podía formar su propio puzle, aunque no encajarán del todo los colores, aunque hubiese huecos, vacíos. Para ella, el mundo visto así, era como tenía sentido.
Aunque doliera, aunque no entendiese la mayoría de las cosas, la belleza que irradiaban los agujeros de luz, era única. Y eso es lo que más amaba, lo único, lo especial, lo diferente.
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