jueves, 17 de octubre de 2013

Blu.




No te lo puedo explicar, o quizá sí, aunque no encuentro las palabras. Es como estar perdido en medio del mar, en un bote, tu solo, todo lo que te rodea es azul. Nadie puede verte, y al principio tú tampoco ves a nadie. Luego el tiempo pasa y empiezas a vislumbrar, a lo lejos, a algunos seres extraños, pero están distraídos. Algunos, presos de movimientos frenéticos no se paran a mirar nada, se centran en lo suyo y ya está. Otros parece que se fijan en ti o al menos en la zona donde tú estás, pero apenas dura unos instantes, y después, vuelven a mirarse el ombligo. Y así va pasando poco a poco el tiempo. Y un día te das cuenta de que cada vez hay más criaturas en ese mar, en mitad del océano, pero nadie mira a nadie, no lo hacen realmente. De vez en cuando hablan entre ellos, pero no escuchan porque siempre quieren que su historia sea la primera en oírse. A ti, que sigues lejos, te llega el barullo, un montón de voces hablando a la vez, sin saber bien que dicen ni que les dicen. Y ahí sigues tú, observándoles todo el tiempo y eso te pone triste. Así es como te fundes con el azul del agua, y dejas que llegue la tristeza. El problema con ella es que no es como los demás, no se suele ir a la primera de cambio…

Y ahí, en mitad de la nada, rodeado de seres que ni ven, ni escuchan, ni se preocupan por nada… te sientes solo. Entonces llega el vacío, ese abismo que te engulle. Llega para recordarte que nunca se ha ido, que en realidad siempre ha formado parte de ti, es un rasgo intrínseco de lo que tú eres. 

No sé si llegados a este punto entiendes la idea. Espero que si, porque hay más. 

Un día te despiertas y esos seres están a tu alrededor, se han ido acercando. Ahora te miran, aunque no llegan a verte. Su cercanía te hace un poco más feliz, porque en medio de la nada, un poco de compañía hace bien. El tiempo pasa, y te integras un poco en su día a día, aprendes cómo moverte a su ritmo, cómo hablarles, cómo pasar desapercibido, muchas veces te lo pasas bien pero en el fondo sientes que algo falla y es que cuando tu amiga tristeza vuelve a ti, ellos no son capaces de comprender las cosas que dices, o que sientes. Y ante esa incomprensión, opinan y opinan sin pararse a escucharte. Eso te frustra, te da más pena aún y, en consecuencia, te sientes más solo que cuando les observabas a lo lejos. 

No sé si has captado la idea general. 

Ese océano, ese abismo, y tú en él. Esas ganas de llorar o de gritar, de que te escuchen antes de aconsejarte nada. Ese vacío aún rodeado de seres. Esa tristeza azul. Ese dolor. Las ganas, por primera vez, de que alguien te entienda y sea capaz de guardar silencio contigo, simplemente cogiéndote de la mano, viajando contigo en ese bote perdido.
Pero no hay nadie. O si hay, pero no les sientes. Y por eso te quieres ahogar un rato en el mar… pero en vez de eso te quedas ahí, flotando. 

¿Has entendido lo que quiero decir? Espero que sí, porque no me apetece volver a explicarlo. 



Y ahora simplemente guarda silencio.

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